domingo, julio 19, 2020

sábado, julio 18, 2020

De crímenes y jueves


Era jueves aquél día que tuve que arrugar mi boca como si fuera un papel mal escrito, para poder arrojar a la basura todas aquellas palabras que quedaron por decir. Mis labios color de vino parecían cosidos con un hilo negro que me bordaba silencio, en lugar de una rabia que debió haber descosido toda moral. Supongo que la tristeza secreta puede tener ese efecto mortal, de callar lo incallable y de querer lo inquerible. Como de costumbre, navegué mis tristezas en un barco de papel. Me he vuelto experta en las artes del origami -y también de la navegación-. El mar negro, poco a poco, se convirtió en un mar rojo cuyas olas de pasión reventaron por mi boca, dejándola libre al fin. Las primeras palabras hicieron el trabajo grueso, esas que como cuerda que sujeta un flotador, permitieron sacar al muerto, que estaba ya podrido dentro hacía tiempo. Al sacarlo, salieron junto a su cuerpo descompuesto aquellas palabras viejas, que se asfixian por existir sin voz. Estaban pegadas en su pecho, en sus manos, en su rostro agusanado. Luego, las palabras de la segunda ola -que para el caso no representan ningún tipo de progresismo ni de nueva moda, sino la mera continuación de un proceso de remoción de escombros-, fueron agresivas e inmorales. Esas fueron como el vapor acumulado en los treinta minutos de cocción de las legumbres en olla marmicoc con una cucharada de bicarbonato y media de sal. Simplemente estallaron, tardíamente, pero con una fuerza definitoria y radical. Salieron feroces, con bolsas de plástico en mano, dispuestas a efectuar un crimen de asfixia que no dejase ningún tipo de rastro ni huellas. Lo primero que hicieron fue ahogar de CO2 a mis vestigios de moral y buenas costumbres. Hecho eso, todo tomó su curso: la rabia dejó de ser íntima, la narración terminó de sacar los restos podridos, el hilo negro cayó de mi boca, y luego la euforia y las lujurias me encaminaron hacia mis pasiones varias -otra vez. Anclé mi barco de papel en el muelle de un mar que ahora parecía una taza de leche. Me detuve a mirar el ocaso, y me adentré en la espesura del bosque, mientras sonreía al recordar que yo nací un día jueves.

lunes, julio 06, 2020

De cordura y su envés



La locura sólo está loca cuando en vez de hacer-se colectiva, se hace individual. Ahí es cuando la locura se vuelve loca: en condiciones de poca luz y humedad. Ilusamente, nos preguntamos ¿y si perdiésemos la cordura? -como si alguna vez la hubiere habido, y como si pudiera pasar cosa tal de perderla. Quizá lo que se abandona en la locura no es la cordura, sino las múltiples formas de dominación (Consejo: vaya lento por las piedras). Y a veces pasamos tanto tiempo jugando a hacernos lxs cuerdxs, como si no supiéramos que la cordura cubre, instala y constituye un orden político, una economía política de los cuerpos y su normalidad, así como una administración de los tiempos (¡1, 2, 3!) para existir. Los tiempos de nuestra existencia se nos devuelven fragmentados, ordenados, calientitos en una caja de pizza -y además, nos llegan por delivery, para evitarnos las molestias de construir nuestra propia temporalidad existencial. ¿Desde cuándo se volvió tan nuestra esa palabra imperial? Yo todavía pido a-domicilio -cuando pido, claro- domicilio todavía me es un vocablo juguetón que suena arribista, porque de pronto mi casa pareada de villa se volvió una casa elegante, con patio y todo, "Sí, a domicilio", -digo orgullosa de mi casa con ampliación avalada por la ley de mono-. El tiempo bien medido y clasificado, no sólo instala el itinerario de la normalidad, sino que también, como envés, instala una proyección, un futuro cierto, la arquitectura de un por-venir ¿El futuro es hoy? ¿Es el futuro cierto? ¿Será que el futuro no es más que el eco de una onda que al reverberar contra un muro, nos devuelve la impresión de aquello que aún no existe, pero que estamos haciendo existir? ¿Será que el futuro sólo nos devuelve una potencia, una posibilidad, que se hace carne en el presente?


[sin foto]

domingo, junio 28, 2020

corporal


en tiempos del clasista "tele-trabajo"
                                       (porque no me vengan a decir que todo el mundo está tele-trabajando,
                                      o que se puede hablar de algo así como un todo-el-mundo,
                                     o que todos los trabajos se pueden telematizar)
de los tele-vínculos
las tele-amistades
los tele-deportes
los tele-amores
y el tele-sexo
parecemos olvidar que somos cuerpo

cuestión bastante absurda, por lo demás,
porque hoy más que nunca sabemos que somos, ante todo,
un cuerpo:
cuerpo que enferma
            que padece
            que espera
            que sufre
            que muere

ante una ficticia y bien elaborada pretensión de invencibilidad
revestida de máquinas que nos optimizan hasta el punto de olvidar
que bajo el cyborg hay un estrato de carne
apareció de súbito, de frente
en medio de los dos (?) ojos
la irrecusable y verdadera condición
de que somos, sobretodo, cuerpo:
                                                       frágil, vulnerable, finito,
                                                        breve, efímero, material,

aunque sea un arrojo de dados,
ser cuerpo es también inventiva
es nacimiento y potencialidad;
el cuerpo no es sedimento, sino fuga
y en su nomadismo indócil
arremete impredeciblemente
incluso contra sí

si escribo estas letras que me inventan,
ha de ser para recordar que ser cuerpo
no es sólo para morir
ni siquiera sólo para resistir:
nadie sabe lo que puede un cuerpo
en su  múltiple potencia de existir
                                            
               m          i   m  i       
                    o   v              e    n
                                                  t
                                                     o

en que la existencia, como gerundio
se     f
       u                       d
     g       siempre      e       sí
       a


Experimento-performance corporal "Bipolares",
dirigido por Atómica danza, 
Centro Cultural GAM

07 de Marzo del 2020



martes, junio 16, 2020

Geografías del silencio


Existen zonas y sustratos que partícula alguna
ha podido iluminar

coordenadas del mutismo
majestuosas, vastas;
impenetrables fosas, cuyas memorias resguardan
las diásporas secretas que sólo la luna puede mirar

¿es que acaso aquí sucedió un crimen?
manchas de sangre, vidrios y fragmentos de plata
vino ácido escurre, y al parecer,
desde mi estómago abierto de par en par


tantas deformaciones, restos y átomos,
pellejos de una vida que ya no es mía
¿acaso tanto sobra en aquello

que voy mudando de mí?

ecos inconexos brillan con fulgor de fuego vivo
incandescente, móvil
me empiezo a quemar

pero no duele: me quiero arder

Mi piel recién nacida respira,
                   A) arde
                       B) duele
                          C) suda
se adapta al oxígeno,
y, brillante, vive
                   A) conoce
                       B) explora
                          C) goza


cartografías sin trazo
ecos silentes de cantos sin voz
miradas ausentes que hablan en silencio

diciéndose lo indecible sin sonar

territorios in-trazables que no son mudos,
                                    sino silentes, opacos
                                    (al menos para quien no sabe oír)
a lo lejos suena un río Quino indócil,
la cosquilla que el viento hace a las hojas al pasar 


en ese territorio cuyo nombre no dejan de robar,
el silencio se ha vuelto una estrategia de vida;
                                -y no porque no sepa hablar-,
en este territorio con nombre arrebatado
                      el silencio no tiene tiempo
son los tiempos que le anteceden y suceden
los que le trazan y demarcan,
son los pasados y los futuros 
los que temporizan su atemporalidad.


Laguna Huinfiuca, orillas del volcán Lanín - IX región de la Araucanía 

viernes, mayo 22, 2020

de baño y de labial


hoy me duché
me limpié el sudor de una noche insomne,
los olores a claustro
y las penas de otro ayer

me lavé el pelo,
con un champú barato de manzanilla
ese que viene de a litro
y que una misma debe trasvasijar

removí mis aceites carnales
y los pensamientos que por viciosos,
marchitan y enclaustran

froté entre mis palmas el jabón,
ese que alguien me dio de regalo
y que nunca me gustó

esparcí la espuma por mi cuerpo
y me refregué con fuerza
para remover junto con la mugre los dolores
y algunas ensoñaciones diurnas que hacen mal

mientras caía el agua tibia,
aprecié mis cicatrices de guerra
que aquél rayito de sol de mediodía
vuelve tan nítidas para acariciar

tras secarme me miré al espejo
recorrí a dos ojos la eternidad de un cuerpo desnudo
seguí sus geografías sin apartar la mirada,
sin mentirme entrando la panza

me puse el labial rojo
porque aunque nadie me vea, ni pueda salir
tengo una erótica conmigo misma
me gusta jugar a ser otra,
esa otra de los labios bien rojos,
que a la vez, sigo siendo yo

me puse ropa cómoda y un aro de uso ocasional
me senté en el balcón, con mis plantas y el mate
para jugar a divagar y vivir otras vidas posibles
en el tiempo que toma secarse el pelo sólo con el calor solar

levanté mi rostro al cielo que cubre una ciudad apestada,
ese mismo cielo que guarda tantos secretos de mí
en silencio cerré los ojos,
y con mis labios rojos, sonreí.

Luna. Autorretrato




jueves, mayo 07, 2020

amor con gotario


Hay gente que cuando ama
hace un cálculo
un análisis de conveniencia
bajo una razón instrumental

Aman con mesura
de a gotas
con prudencia
y buen modal

Se besan sólo en la alcoba
planifican sus jornadas de sexo
en una cómoda dosis mensual
que no altere al trabajo ni al orden tradicional

Como si el amor no implicase arrojarse a lo incierto
abrirse las entrañas sin temor a lo expuesto
perder los estribos y navegar el deseo
inventando rincones para dar besos nuevos

Como si el amor se escogiera,
se calculase por plazos y metas
como si pudiera administrarse
como si se le pudiera domesticar

Hay veces en que se ama
por lo que dura una noche
o por las tres horas de un motel;

Cualquiera sea el caso,
no amaré con mesura ni con gotario,
ni con normas de la buena moral
me resisto a hacer de mis afectos
un cálculo neoliberal más