Dulce y colorido momento
haz florecer en mí flores que no marchiten;
que no se ahoguen con el agua que les da vida
que no se quemen con la luz que las energiza
que no se vuelen con el viento que les acaricia.
Aromática y volátil estación,
haz que las raíces de tus flores
penetren mis pensamientos
y los rincones más obscuros de mi alma;
haz brotar tallos que logren hacerse camino
entre las piedras que adornan mi corazón,
que su fuerza sea la de cien hombres juntos
que luchan por un mismo fin común.
Delicada y efervescente temporada,
elige de mí para ser morada de tus hijas
colorea mis interpretaciones subjetivas;
seduce con tu ensordecedor aroma a jazmín
a cada espino de mi jardín
que desee dañar tus flores,
engatúsalo con tu soltura
desármalo con tu dulzura.
Amada primavera,
que anuncias el brote de esperanzas dormidas,
anticipas la fluencia de las aguas quietas,
despiertas del ensueño
a todos los sueños
que se han quedado dormidos;
besas con tibieza todas las heridas que por frío
el invierno ha dejado,
acaricias con vehemencia aquello que un yo abandonó
cual naufrago se abandona a su suerte,
abrazas con resplandor todos esos brotes silentes,
que no se ven pero se sienten,
que átomo a átomo buscan manar
en esta extraña y laberíntica morada,
liberando la luz que en ella existe,
para convertirla así algún día
en una multicolorida flor.
jueves, octubre 23, 2014
domingo, octubre 12, 2014
Un Pedazo de Alma
Se me escapó un pedazo de alma
En la capital no era más que un reo
Al mar vino para abrazar su calma,
ha llegado al puerto de su deseo.
En la capital no era más que un reo
Al mar vino para abrazar su calma,
ha llegado al puerto de su deseo.
Puerto donde llegan a puerto todos mis
romances
En la plaza pinto dejé un beso
porque dicen que siempre es bueno
en cada ciudad contar con buena base.
En la plaza pinto dejé un beso
porque dicen que siempre es bueno
en cada ciudad contar con buena base.
Se me quedó un pedazo de alma
refugiada entre los cerros,
el eco del mar la sana
remueve sus más profundos recovecos.
refugiada entre los cerros,
el eco del mar la sana
remueve sus más profundos recovecos.
Entre colores y murales
mi nostalgia y alegría tuvieron un encuentro
Cada uno de mis sufrimientos
de mi existir se hizo parte.
mi nostalgia y alegría tuvieron un encuentro
Cada uno de mis sufrimientos
de mi existir se hizo parte.
Haces de luz falsa reverberan sobre el agua
Del olvido brotan los cantos de los muertos
Sin memoria no hay historia: un alma no se calla.
Del olvido brotan los cantos de los muertos
Sin memoria no hay historia: un alma no se calla.
Melancólicas olas zozobran en mis aguas
Olor a poemas rotos me hacen saber que pertenezco
a este perdido puerto,
a este paraíso que me encarna.
Olor a poemas rotos me hacen saber que pertenezco
a este perdido puerto,
a este paraíso que me encarna.
martes, septiembre 30, 2014
Cosa de ética
un torbellino de danzas erráticas
que emanan desde
y también desbordan
mi órgano vital
impulsan mis motivos,
me intranquilizan para (ha)ser más
cual sombra que no se visualiza al mediodía
pero se sabe con certeza ciega
que más temprano que tarde
aparecerá otra vez, como un karma
para estirarse agarrada desde los talones
y susurrar en los pensamientos
que sí se puede (ha)ser algo más
hay un hombre ciego, flirteando en la orilla
de un abismo, ignorante de que cada uno de sus pasos
no es paso suyo, sino paso de la muerte,
mas hay un hombre vidente, que cauteloso del abismo,
prolonga, en un trato, su danza con la muerte
pero lleva consigo a los suyos y a los ajenos
a los mudos
a los sordos y los ciegos
a todos aquellos que son guiados en una danza secreta,
desconocida e involuntaria,
ignorantes de ser el sacrificio
que le otorga más tiempo al hombre.
Y precisamente a ese hombre: ¿Cómo se le dice entonces?
¿Cómo se le llama a esta clase de hombre?
¿Se puede ser ese tipo de hombre, sin saber serlo?
Si la visión no es para todxs, entonces no es don:
es pecado.
Imagen: Mural "La Marcha de la Humanidad" (1971) Diego Alfaro Siqueiros. México, D.F.
*La autora recomienda leer la historia de este mural y la biografía del artista.
miércoles, septiembre 10, 2014
Recordatorio
No te pierdas
No te olvides
No te rindas
No te dejes
No te empolves
No te aquietes
No te embobes
No te alejes
No te esfumes
No te ciegues
No te abandones
No te desvanezcas
No te desperdicies
No te marches
No te apagues.
No te olvides
No te rindas
No te dejes
No te empolves
No te aquietes
No te embobes
No te alejes
No te esfumes
No te ciegues
No te abandones
No te desvanezcas
No te desperdicies
No te marches
No te apagues.
jueves, julio 10, 2014
Borracha
Han pasado ya varios soles
y yo sigo aquí, borracha de tí.
El dulce néctar que extraigo de tus labios
inunda mi sangre y me embriaga de ti
No hace falta una botella de vino
pues son tu mirada, tu aroma, tu piel
quienes alteran mis sentidos,
y mi (i)realidad transforman en miel.
Mi cabeza da vueltas y vueltas
en cada giro retorna a tí
Respiro el aire encerrado en tu silueta
Te siento, estremeces todo en mí.
Permíteme embotellar un beso tuyo
para beberlo cada vez que tenga sed
Tatúa en mi cuerpo este sentir mutuo
déjame entre tus latidos tibios permanecer
Me embriago en el deseo que nace
cuando me fundo con tus caricias
y con tu tímido mirar;
cuando me apropio de tu barba
cuando en mi pelo te enredas al jugar
Mírame, eres la sonrisa de mi boca
Mírame, de amor me empiezo a evaporar
Mírame, me tienes tan tiernamente idiota
que en cualquier momento puedo tropezar
Sólo me basta un sorbo de tus labios
para que mi mundo empiece a vibrar.
Un sorbo de tu risa
y los pies a flotar
Ven, dame un sorbo de tu esencia:
Hoy me quiero emborrachar.

y yo sigo aquí, borracha de tí.
El dulce néctar que extraigo de tus labios
inunda mi sangre y me embriaga de ti
No hace falta una botella de vino
pues son tu mirada, tu aroma, tu piel
quienes alteran mis sentidos,
y mi (i)realidad transforman en miel.
Mi cabeza da vueltas y vueltas
en cada giro retorna a tí
Respiro el aire encerrado en tu silueta
Te siento, estremeces todo en mí.
Permíteme embotellar un beso tuyo
para beberlo cada vez que tenga sed
Tatúa en mi cuerpo este sentir mutuo
déjame entre tus latidos tibios permanecer
Me embriago en el deseo que nace
cuando me fundo con tus caricias
y con tu tímido mirar;
cuando me apropio de tu barba
cuando en mi pelo te enredas al jugar
Mírame, eres la sonrisa de mi boca
Mírame, de amor me empiezo a evaporar
Mírame, me tienes tan tiernamente idiota
que en cualquier momento puedo tropezar
Sólo me basta un sorbo de tus labios
para que mi mundo empiece a vibrar.
Un sorbo de tu risa
y los pies a flotar
Ven, dame un sorbo de tu esencia:
Hoy me quiero emborrachar.

domingo, junio 22, 2014
Ojos de Escorpión
Se inicia el cierre de puertas —oyó Paola, pensando que daba igual avisar si las puertas se estaban cerrando o no, porque era tal la desesperación de la gente por entrar al vagón que no dejaría de insistir en la ilusión de ganar un lugar hasta que las puertas amenazaran con atraparles un brazo o la nariz.
Paola detestaba la sensación de ir apretada en el metro, y más aún porque con su metro ochenta y cinco de estatura era pan diario llevar cabezas extrañas cerca de su pecho. Eso la ponía incómoda y nerviosa, sensación de mierda que evadía apretando y soltando los dedos de las manos, y escuchando Radiohead con sus audífonos grandes.
Santa Isabel por fin y entre la gente pedir permiso-que-me-bajo-aquí. Ahora a subir las escaleras en un ritmo común con un montón de extraños con los que parecemos manada o más bien un grupo de robots.
Cuando Paola logró con esfuerzo salirse de la multitud, se dirigió mecánicamente al kiosko en donde compra lo que para ella constituye un desayuno saludable.
—Hola, quiero una barra cereal, la verde de allá, una coca light y unos cigarros, los Pall mall click de 10, porfa.
—Serían dos mil cien, señorita.
—Ay, déjeme buscar que creo que por aquí debo tener los cien.
—Día raro hoy ¿se fijó? Habían anunciado lluvia, pero lo más bien que los rayos de sol atraviesan las nubes, sobretodo esa negra de allá arriba, ¿se fijó? Si uno mira bien, como que hasta se hace una figura, es como un bicho, de esos, ay como se llaman, esos que tiran veneno, esos que tienen una colita y como que...
—Escorpión. Aquí está. Va justo.
Rápidamente tomó sus compras y siguió su camino, evitando cualquier tipo de interacción humana que no fuese estrictamente necesaria.
Puta, voy a tener que poner Karma Police denuevo, me perdí la mejor parte con la verborrea de la vieja —pensó.
Como de costumbre, encendió el primer cigarro frente a la bicicleta blanca de Ciclistas con Alas. Y así, sin apuro, caminó por donde siempre, escogiendo mirar al suelo en vez de a la gente, la que cada vez le hacía más fácil convencerse de que todos los seres humanos eran una mierda.
Chicles, colillas, botellas, pelusas, basura, pastelones rotos, pastelones, trizados.
El paisaje del suelo puede ser muy diverso—pensaba.
Repentinamente, algo llamó la atención de Paola. Vio, cerca de una gran casa celeste,un montón de papeles picados, que fácilmente podían ser unos 40. No eran tan pequeños, tenían un tamaño levemente inferior a una cédula de identidad. La mayoría de ellos eran blancos, pero había unos cuantos de color amarillo, con escritura roja en ellos. Curiosa como gato, Paola recolectó raudamente todos los papeles amarillos, y los guardó apurada en su bolsillo, pues temía dar por mucho tiempo la imagen de la loca que recoge papeles en Providencia. Se adentró en el primer pasaje que vieron sus ojos, y tras un auto, se sentó en la cuneta a examinar su nuevo y despedazado tesoro. Instintivamente, comenzó a unir los trozos, como si fuera un gran rompecabezas. Con la hipótesis comprobada, vio con emoción cómo palabras se armaban en la malgastada hoja amarilla, y con tinta roja decían:
Alfredo Rioseco 235
Es urgente.
Es urgente... ¿Cómo llegó algo tan urgente a estar trozado y tirado en la calle? ¿Para quién sería? ¿Qué habrá en esa dirección? ... ¿Sería muy loca si voy a mirar? Igual no es lejos. Y voy con tiempo de sobra a la pega. Total, nadie se va a enterar...
La mente de Paola se hacía tantas preguntas que parecían avasallarse unas contra otras. Conociéndose, sabía que no podría continuar con su vida tranquila si es que no acudía a la dirección, aunque fuese sólo para pasar de lejos, para matar la curiosidad. Alfredo Rioseco no quedaba lejos, conocía la calle por un restaurant al que acudió un par de veces. La mujer pensaba que aunque fuese una suerte de locura, nadie tenía por qué enterarse.
Quizás por fin me pase algo realmente interesante—se decía.
Y así, con un coraje desconocido para ella, decidió ir, cual detective, a encontrar su misterioso destino. Caminó a paso rápido, pues la invadía la emoción. Algo en su interior le hacía creer que la dirección sí podría significar algo, que no era una completa estupidez recoger un papel en la calle y dirigirse a la dirección escrita en él. Algo subterráneo en sí la obligaba a creer que las cosas fantásticas existen, poseía en su interior un deseo quemante por vivir algo nuevo, algo surreal, algo que la hiciera sentir de alguna manera distinta a todo el resto de la gente, algo que la hiciese ser ella misma la différance.
En cuanto llegó a Alfredo Rioseco se dio cuenta de que su curiosidad era tal que estar de pie desde la vereda de enfrente a su destino no era suficiente. Necesitaba más.
Miró en ambas direcciones, verificando que no viniese nadie y se acercó cautelosamente hacia la ventana de la casa en cuestión. Las cortinas no dejaban entrever nada, por lo que se acercó a una puerta-reja exterior, que dejaba ver un pasillo de cemento, largo y estrecho, que finalizaba en una escalera que conectaba con el segundo piso de la casa
Instintivamente se sostuvo de la reja, ante lo que la puerta cedió, abriéndose por completo. Paola no lo pensó demasiado y entró, procurando no hacer mucho ruido al pisar las hojas secas que adornaban la entrada. Al llegar a la escalera sintió un impulso que nacía en la punta de sus pies, subiendo por sus piernas, por sus caderas y por su columna vertebral hasta llegar a la cabeza, que la hacía ejecutar el acto motor de subir cada peldaño sin ninguna dubitación. Al llegar arriba, se encontró con una puerta de vidrio. Su lado analítico y racional le susurró que esta era su última chance de retroceder, que esta locura ya había ido demasiado lejos, y que incluso según algunas personas, estaba cometiendo un acto delictivo. A pesar del temor y los nervios, fue el lado irracional el que la poseyó, llevándola a posar su mano derecha sobre la manilla. Antes de que pudiera girarla un hombre alto, vestido de traje, se le adelantó, abriendo la puerta desde dentro.
—Bienvenida, Paola. Te estábamos esperando. Por favor, pasa. —dijo el hombre.
Fue tal la sorpresa de Paola que no logró hacer nada más, que entrar automáticamente al salón, guiada por el gentil toque en el hombro que le daba su anfitrión.
—Si gustas, puedes darme tu chaqueta, para que te sientas más cómoda —le dijo el hombre alto—. Por favor, toma asiento aquí.
Además del gentil anfitrión, habían otros 5 hombres, que también vestían de traje y lucían muy similares entre sí. Llevaban en las chaquetas un pequeño símbolo tribal que Paola no logró reconocer. Todos sonreían ante la llegada de la mujer, a quien estaban evidentemente esperando.
—Café moka doble sin endulzar, como te gusta, Paola. —dijo el hombre alto, ofreciéndole una taza llena de café.
Muy sorprendida y pensando que estaba en un sueño del cual no podía despertar, Paola recibió el café, logrando sólo asentir con la cabeza. No entendía nada de lo que sucedía, la única posibilidad de que esto no fuera un sueño, era que fuese una broma bastante torcida que alguien le estaba jugando.
—Bueno, estamos un poco atrasados. Llevamos bastante tiempo esperándote, querida Paola, por lo que sugiero que demos comienzo a lo que aquí nos convoca —dijo el anfitrión, que parecía ser el único autorizado para hablar. Todos los otros hombres asintieron.
—Disculpen, pero no estoy entendiendo nada. Esto simplemente no puede ser. Es que cómo, cómo puede ser posible. Cómo es que todo esto, cómo si fue una casualidad, cómo...
—Paolita —interrumpió el hombre alto—, entiendo que tengas muchas preguntas, pero tranquila, en breves instantes verás todo con más claridad. Por favor, guarda silencio. Ya has tenido 29 años para hablar. Es hora de que aprendas a callar.
—¿Llamo a Bruno, señor? —preguntó uno de los hombres.
—No, no te preocupes. Lo haré yo mismo —dijo el anfitrión, sin borrar la amable sonrisa de su rostro. Al acto, el hombre de puso de pie y se dirigió al centro del salón, llamando a Paola a su lado, quien estupefacta y aún incrédula, lo acompañó.
El hombre la tomó de las manos, y mirándola a los ojos cariñosamente, sonrió casi al punto de reír.
—¿Estás asustada? —le preguntó dulcemente el hombre.
—Sí. Bastante.
—Ven, quiero darte un abrazo.
Paola no supo porqué accedió al abrazo del extraño, pero en cuanto lo hizo, sintió una insólita paz, que nacía en su pecho, bajaba por su columna vertebral, por sus caderas, por sus piernas, llegando hasta la punta de sus pies. Era un abrazo estremecedor que la hizo emocionarse. Pensó en su madre y en las caricias que le brindaba cuando se enfermaba; pensó en su padre, y recordó cuando le enseñó a montar la bicicleta. Recordó también el primer beso que dio a alguien que amaba, y la primera vez que hizo el amor. Recordó a su mejor amiga de infancia, Kathy, quien había muerto de leucemia unos años atrás. Una pequeña lágrima recorrió su mejilla izquierda, evidenciando su emoción. Fue esta lágrima la que le hizo despertar de su ensueño, y recordó que estaba siendo abrazada por un sospechosamente amable hombre extraño, y que además habían otros sospechosamente amables 5 hombres extraños contemplando su abrazo en el salón. Paola se separó del anfitrión, quien con ternura le solicitó dar 3 pasos hacia atrás. Creyendo que dar 3 pasos hacia atrás era lo menos irracional de todo ese día, los dio, aún conmocionada por todos sus recuerdos.
—Gracias por todo, Paola. Tu viaje llega hasta aquí —dijo el hombre alto, sacando una pistola desde el bolsillo interno de su chaqueta.
Sin cavilaciones, dio un disparo certero en el centro del pecho de Paola, quien cayó de espaldas al suelo, sintiendo un dolor que parecía apretar su pecho contra su espalda, coartándole la respiración. Pronto, el dolor dejó de ser dolor, y se volvió un calor intenso que se expandía por todo su cuerpo, presionándola contra el suelo e imposibilitando su mover. Volvió a pensar en su madre, y en las caricias dulces que le estaría dando si estuviera allí. Sin notar que se desangraba, sus párpados se comenzaron a cerrar. Con nebulosa visión notó que los hombres la rodeaban, observándola. Al mirar al anfitrión, el mareo le ayudó a reconocer por fin el símbolo tribal que llevaban en las chaquetas. Así, mirando fijo en unos puntos amarillos que parecían ser los ojos de un escorpión, sus párpados se cerraron, para no volver a abrirse jamás.
miércoles, junio 04, 2014
Trayecto Sensualidad
Luz tenue, luz de velas.
Música suave y lenta, de preferencia con guitarra, violín y piano.
Incienso recién prendido, aroma Nag Champa.
Sabor a frutillas y tabaco en las bocas.
Dos cuerpos que se enfrentan,
dos cuerpos que se miran de lejos
y poco a poco se acercan
invadidos por el magnetismo que los impulsa
y los obliga a acercarse, pero lento.
Muy lento.
Es una danza imperceptible, todo en ellos baila;
desde sus miradas nómades que se recorren mutuamente,
hasta sus pies que se mecen en un ritmo imaginado.
Se encuentran las manos, que se miran fijo,
se acarician las manos hasta que de ellas nace un abrazo,
se aprietan bailando,
se estremecen danzando;
se sienten la una al otro, y el uno a la otra;
sienten lo mismo:
hoy, son lo mismo.
Suavemente las cabezas se buscan.
Sólo se rozan, nunca cesan de bailar.
Una nariz explora el rostro del cuerpo otro, lo recorre suave,
escribe poemas en el aire.
Otra nariz recorre y explora la piel ajena,
se entrega suavemente al dulce deleite del toque compartido,
a la exploración corpórea conjunta tan deseada.
La tensión de la espera de un beso que ya se habían dado hace tiempo,
que no había logrado materializarse, sino hasta este momento:
el beso real supera al imaginario,
es sublime, lento, tibio, apasionado.
Bocas que en su encuentro producen formas perfectas,
sensaciones perfectas, pasiones perfectas.
Y desde allí, mil caminos:
infinitos atajos para que se unan los cuerpos,
incontables trayectos que se inventan en el momento mismo
de recorrer un espíritu que es ajeno,
pero que de algún modo y por unos instantes,
se hace propio sin poseer.
No es necesaria la visión, pues prima la sensación.
No hacen falta las palabras, pues las almas se hablan.
Contorneados por la luz de las velas
dos cuerpos que cada vez se expropian de sí mismos,
se coordinan, se derriten juntos,
se fusionan
y son uno,
siendo dos.
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